
Ahí donde veís mis girasoles, sobre la hierba, dentro de un cesto de mimbre, todo en un entorno natural, bucólico y pinturero no es tal cosa. Ha llegado el día de la revelación también para ellos.
Comencé el dibujo haciendo un Ikebana mental. A medida que el pincel se estropeaba, es decir, se había quedado duro porque lo usé para encolar unos papeles y lo limpié fatal y el dibujo, tomó una rigidez sospechosa. No me importó demasiado al principio, pero luego comprobé que los otros cuatro pinceles que podían reemplazarlo estaban mas o menos chunguitos también.
El cuadro mental era un dibumierder plastiquero. Respiré. Se me ocurrió ir a por unas tijeras para recortar los pinceles. Me cargué a dos. Uno se quedó con un hilito que no valía ni para puntos. Horror. Era la última hoja del block. Todo mal. Todo mal. Como la canción de la Aguilera, no me acuerdo el nombre, ah si, Belén Aguilera.
Así fue como la regla de tres que dice: a pinceles tiesos dibujos tiesos y si, no había forma de domar a los girasoles. Habían cogido la rigidez plastificada de los girasoles que se estaban formando en mi cabeza. Apretaba los pinceles uno tras otro en la mesa y, automáticamente se iban sucediendo las imágenes plastimierder que no podía desvanecer. Girasoles de plástico que yo había visto en algún sitio y aunque no podía recordar donde, quizás en IKEA o en los CHINOS, tampoco podía tener imágenes mentales de girasoles naturales.En este dibuhorror me debatía cuando mi vista iba de del dibujo a los pinceles y de los pinceles al dibujo y así un buen rato.
Automáticamente pensé en gogle y cuando le pregunté como ablandar los pinceles me dijo que con aceite. Fui a por el AOVE y el pincel se deslizó hacia la derecha y salió un girasol pequeño que parecía un diente de león con un rabo de alambre. Por no dejarlo solo alambreé otro en la izquierda y el ikebana se completó satisfactoriamente como si tuviese pinchadas todas las piezas plasticoides con alambre moldeable.🙂