Cara pedo

Llevo meses pensando que una boda no es un logro, que es un evento de un día, que cualquiera con una tarjeta de crédito puede pagar. Que no quiera casarme no significa que no sepa amar, el amor se demuestra en los días chufa, cuidándonos, escuchándonos, creando rutina… Será un drama épico si lo cancelo pero pronto lo olvidarán como si hubiese sido un tiktok más. Si mi cuerpo sufre ansiedad, opresión en el pecho y ganas de huir en lugar de ilusión es que pasa algo, pasan dudas, no es nerviosismo de novia, es mi intuición gritándome que estoy cruzando mis propios límites. Tener dudas no me convierte en una mala persona sino en un ser humano consciente. Tengo que darme permiso para frenar. Tengo derecho a cambiar de opinión. Tengo derecho a crecer.

Gloria suspiró, dejó el bolígrafo sobre el escritorio, cerró su diario y se fue al tocador a desmaquillarse. En el espejo remiró su imagen muchas veces antes de irse a dormir. Su cabeza era un no parar. Necesitaba mirarse, quizás verse, quizás saberse. Necesitaba seguir reafirmándose porque nadie se des-programa de un bodorrio en cinco minutos. Una Gloria real seguía luchando contra una Gloria programada desde niña en un combate que no podía ser nunca win win, solo podía quedar una.

Gloria la verdadera: ( Con voz firme, mirándose al espejo de frente sin pestañear): Mírate, respira hondo, deja el maldito móvil, deja de mirar los presupuestos, los vestidos, las listas de invitados. Mírate a los ojos y dime la verdad: ¿De verdad quieres esto?

Gloria la programada desde pequeña: (Con un nudo en el estómago e intentando sonreír ): Bueno, es lo que toca ¿no? Ya tenemos una edad, la relación lleva tiempo, mi madre está ilusionadísima comprando cosas, la gente ya lo sabe… Es el paso lógico. Además el vestido es precioso y la fiesta va a quedar increíble.

Gloria la verdadera: No me hables del vestido ni de tu madre. Te he preguntado si quieres pasar el resto de tu vida unida a este contrato, bajo esta presión, viviendo la vida que otros diseñaron para ti. Siente tu cuerpo ahora mismo. Ese dolor en el pecho, ese nudo en el estómago, esa ansiedad cada mañana… ¿Eso es ilusión o es pánico a cometer el error de tu vida?

Gloria la programada desde pequeña: (Asustada, bajando la mirada): Es pánico, pero todo da miedo. Si cancelo todo ahora, ¿que va a decir la gente? El dinero de las fianzas se va a perder. Mi madre se va a morir de la vergüenza. Van a pensar que estoy loca, que soy una inmadura que no sabe lo que quiere. No puedo hacerle este feo a todo el mundo.

Gloria la verdadera: Escúchame bien! La gente hablará tres días y luego volverán a sus vidas. Tu madre pasará un mal trago un mes, pero prefiere seguramente una hija libre que una hija divorciada o infeliz. El dinero se recupera trabajando. Tus años de juventud, tu paz mental y tu libertad no se compran con dinero. ¿Vas a arruinar tus próximos diez años o cincuenta, solo por no pasar vergüenza una tarde?

Gloria la programada desde pequeña: (Con lágrimas en los ojos): Pero, ¿y el amor? Si no me caso, ¿significa que no amo? ¿significa que he fracasado? Siento también que si renuncio a la boda, estoy renunciando también al final feliz que siempre me contaron.

Gloria la verdadera: (Más real que nunca, con ternura pero con una lógica aplastante): Te vendieron un cuento. La boda es un negocio de veinticuatro horas, el amor es lo que pasa al día siguiente en pijama sin fotógrafos y sin aplausos. Si hay amor de verdad no necesita un contrato firmado bajo presión, ni una fiesta de miles de euros para demostrarse. Se quedará o se irá, en cualquier caso, si se queda ganas, si se va también ganas, en esta situación tu, win-win. Y si lo que hay es miedo a estar sola, una boda no va a arreglar nada, al revés, la jaula será más difícil de abrir.

Gloria la programada desde pequeña: (Soltando aire, sintiendo un ligero alivio): Es que… no quiero. Realmente no quiero casarme. Me pesa. Me ahoga.

Gloria la verdadera: Ahí estás. Esa eres tu. Dilo en voz alta.

Abrió el diario de nuevo y anotó: No quiero casarme. No le debo una boda a nadie. Mi vida es mía, no de mis invitados, ni de Instagram, ni de las expectativas de mi familia. Elegir tu paz antes que el teatro de los demás no es un fracaso, es el mayor acto de madurez que he hecho en toda mi vida. Soy la dueña de mi destino. Mi mayor compromiso será siempre conmigo misma. :🙂