teki

Ana suspira mientras se cuelga el bolso. Odia el turno de tarde en el hospital. Teki la mira con esos ojos fijos, la cola baja y las orejas gachas, como si le estuviera reclamando que lo deje solo ocho horas.

-Vuelvo por la noche pequeño. Se bueno, le dice, dándole una caricia rápida antes de salir hacia el coche.

Teki se queda en el cesped, con el corazón encogido y un poco de ansiedad por la separación. No le dura mucho. Una mariposa revolotea entre las hortensias y se posa un poco más allá en un diente de león. Teki la sigue con la vista, todavía huele el perfume de Ana y aulla suavecito sabiendo que ya no le oye. De repente, una paloma blanca aterriza en el muro del jardín, arrullando de forma burlona. Las palomas son muy listas, son capaces de recordar a humanos o a perros. Algunos perros también sabrían discernir de entre las palomas a una concreta, pero los humanos no recordaríamos la cara de una paloma de otra similar. La paloma baja del muro sin perder la vista a Teki. Revolotea picando aquí y allá. Teki, no puede contenerse más, sale tras ella. La paloma despega para alcanzar el muro. Teki disparado hacia la cama elástica salta el muro y la paloma asustadisima retoma el vuelo hacia el centro de la ciudad. El perro la sigue hasta un callejón que resulta ser el set de rodaje de una película de acción. Teki persigue a la paloma y cruza corriendo la escena principal justo cuando el director grita: ¡Acción!

Teki esquiva los efectos especiales, salta sobre una montaña de cajas de cartón persiguiendo al ave y descoloca a los extras cuando sale triunfal con la paloma en la boca y se la deja al pie del protagonista. Este acaricia a Teki. La paloma se recompone y sale volando hacia la puesta de sol. Se oye : ¡Corten! Toma buena!

El director queda fascinado por su actuación y carisma. En lugar de echarlo, lo retienen para grabar un par de escenas de fondo. El equipo de producción lo mima en el set. Le espolvorean brillo de coco en el pelo y lo premian con unos canapés de salmón de los que da buena cuenta dejando la bandeja vacía. Pensando que es el perro de algún vecino alguien le abre la valla del set y Teki regresa a casa.

Ana abre la puerta y lo ve allí, donde lo había dejado , sentado en el celpudo del vestíbulo. Cuando le pasa la mano por el lomo nota que el pelo le brilla de una manera irreal, como si le hubieran dado un baño de seda. Huele a coco y a champú. Se teme algún trifostio en el baño. Respira hondo. Teki esta bien. La casa sigue en pie…Lo mira de nuevo . Teki desvía la mirada hacia el pasillo, camina con un trote ligero y elegante hacia su cacharro de agua, bebe dos sorbos elegantes y se tumba en su mantita, soltando un suspiro de estrella consagrada. 🙂