vino

Zoe tenía 45 años, una salud de hierro cultivada en sus clases de yoga y un desprecio absoluto por el alcohol. No le gustaba perder el control. Su plan de viernes por la noche era leer en el sofá, un gran sofá de terciopelo verde, acogedor y mullido, en el que pasaba sus mejores momentos de lectura pero, esa noche, terminó en la Gala Benéfica de la empresa de su marido, rodeada de luces de neón y sosteniendo un agua con gas.

Su marido, Bruno Venturi había desaparecido otra vez. Subió al primer piso. Desde el balcón del catering superior observó el patio central. Abajo, en mitad del salón destacaba la gran excentricidad del evento: Una copa triangular gigante, del tamaño de una piscina desmontable, llenita hasta el borde de un aromático martini rojo que funcionaba como centro decorativo formidable. Mientras sostenía su aburrida agua con gas, la mirada de Zoe se congeló en la planta baja. Allí, medio oculto, tras unas palmeras decorativas, estaba su marido besandose apasionadamente con otra mujer.

El mundo de Zoe se detuvo. El dolor y la traición le iba quemando el pecho. Buscó una salida rápida pero, las escaleras estaban colapsadas de invitados superficiales. Miró hacia abajo desde la balconada. La colosal copa triangular de martini escarlata resplandecía con brillos cegadores. En un arranque muy italiano de furia, dignidad rota y un deseo salvaje de desaparecer, Zoe, soltó su vaso, soltó su vestido de gala, soltó sus tacones, se subió a la barandilla y se tiró al martini de cabeza, ejecutando un salto de trampolín perfecto. El espeso y dulce líquido amortiguó el golpe.

Zoe se hundió en un universo de color ámbar oscuro. Al no haber probado el alcohol en su vida, sus receptores neurológicos se encontraban completamente limpios. Cuando el denso líquido entró en contacto con sus poros, las cuarenta hierbas y los botánicos secretos de la mezcla reaccionaron con su sistema nervioso como un combustible cuántico. La artemisa, el lirio florentino y las maderas exóticas penetraron en sus células, encendiendo la áreas dormidas de su cerebro. En lugar de ahogarse o emborracharse, la mente de Zoe experimentó una expansión sin precedentes.En milisegundos procesó el trauma de la infidelidad. Calculó los vectores del movimiento de la mezcla y desbloqueó una inteligencia superior. ¿Fue por el golpe?¿Fue el vermut? El dolor desapareció reemplazado por una claridad mental absoluta. Con la agilidad y fuerza de una criatura olímpica, Zoe, apoyó las manos en el fondo inclinado de la copa de cristal y emergió del tanque con una pirueta impecable. Se impulsó en el borde con una elegancia magnética. Su piel brillaba y su body de licra y elastano, empapado en caramelo natural se adhería a su cuerpo como una textura amigable.

Justo, al lado de la estructura flotaba un enorme globo de helio de la decoración. Zoe estiró el brazo y lo agarró por el cordón para estabilizar su salida de la copa. Los invitados que habían gritado horrorizados al verla saltar, se quedaron en un silencio sepulcral. Esperaban ver a una esposa despechada, ahogada y borracha. En su lugar, Zoe se irguió sobre el borde de la copa sosteniendo el globo con una mano mientras miraba fijamente a su marido desde la altura. Su mirada ya no era la de una esposa abnegada. Sonrió tranquila y con una voz que resonó como de altavoz por todo el salón, le dijo: -Bruno, se exactamente en que tres cuentas numeradas de las Bahamas has estado escondiendo nuestro dinero. El divorcio te va a dejar en la ruina. Buenas noches.

Y dando un leve salto, ayudada por el globo, bajó de la copa flotando con una ligereza sobrehumana, dejando atrás a su marido pálido y a un salón entero estupefacto.🙂