Sísifa and the Storms

Sísifa y Dumbe eran los líderes de los Storms. Además de sus voces, soprano y tenor respectivamente componían letras y música también respectivamente. Se conocían desde el colegio y en el último curso decidieron formar dúo, después de haber cantado en todos los eventos escolares y festivales de la comarca. Cuando llegaron al instituto, Dumbe, conoció a Avesauria furry. Se hicieron pareja, compartieron sus composiciones musicales y decidieron que tenían que formar un grupo. Sísifa estaba de acuerdo con ellos y propuso encontar bajo y batería y además sabía donde buscar, porque si buscas, es que ya has encontrado. Así que, se fueron todos al bar Stormn. Allí estaba Gallito. Gallito tocaba el bajo y era vecino de Sísifa y cuando esta le preguntó si quería formar parte de un grupo, Gallito no dudó ni un instante. Entonces Dumbe dijo que ya solo faltaba el batería.Gallito sonrío y les presentó a Angie, el batería con alas. Esa noche quedó formado el grupo, Gallito propuso que se llamaran Sisifa y los Storms en honor al bar donde se habían conocido.

Todos los viernes por la noche tocaban en baretos de mala muerte, medio vacíos y rancios, con público variopinto de las poblaciones vecinas. No tenían contratos, ni ropa de marca, tenían canciones sobre la ansiedad, el movimiento continuo, el mito de Sísifo y trenes cargaditos de estrés y penas. Una noche en el Storm presentaron un tema nuevo y una fans grabó con su móvil la canción y subió el video a internet sin avisarles.

Al lunes siguiente el video acumulaba miles de reproducciones y mensajes desde ciudades que ninguno de los cinco sabía ubicar en el mapa. Aquello les catapultó a la fama. La industria intentó moldearlos, les pidieron cambiar letras, usar ropa de diseñador y sonreír para las cámaras. Eso empezó a destrozarles. Los roces, envidias, enfados y líos varios, les mostraron, que el éxito no valía la pena si interfería en su creatividad y les costaba la amistad.

Trazaron un plan: Tocarían en la cima de un monte. Conciertos de viento y lluvia, de sol, de noche y día. Conciertos de primavera, verano, otoño, invierno y entretiempo. En total, pactaron tocar seis veces al año. Subían a lo alto de un monte y tocaban fuera de la presión de los algoritmos, de los porcentajes y de la tiranía de la industria.

Cuando el sol comenzó a esconderse Sísifa se acercó al micrófono. Dumbe rasgueó la guitarra. Angie guardó sus baquetas de nogal americano y marcó el ritmo en un cajón de madera. Avesauria hizo sonar una flauta travesera y Gallito aferrado a su bajo soltó un gutural grito escandinavo que atravesó todo el valle. Ya no tocaban para nadie sino para ellos mismos. Las últimas notas de la guitarra de Dumbe se disolvieron con el aire frío de la noche viajando ladera abajo. No hubo aplausos ensordecedores, ni flashes de cámaras, ni siquiera el rugido de un beste bat. Todos sonrieron en silencio.

En la cima de ese monte, el éxito ya no era una cifra de reproducciones en una pantalla, ni el porcentaje de un contrato discográfico. El éxito era la propiedad absoluta de su propio silencio y de sus propios acordes. Al final descubrieron que para mantener viva la música aveces es necesario subir tan alto que, el ruido del mundo no pueda alcanzarla.

A lo lejos, las luces de la ciudad comenzaban a encenderse y emprendieron la bajada para preparar la próxima subida. Subir, bajar, subir, bajar, subir, bajar, y tal vez crear.