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Estamos en el año 2000 y si, efectivamente, tenemos coches voladores y motos también. Esta mañana, la profesora de la autoescuela Asfalto Cero, llamada Vanesa Ciclón, se ha levantado un poco malhumorada porque no encontraba las pastillas para el desayuno de huevos con bacón. Apenas le quedaban un par de menús “despertar turbo 2000”, consistente en tres cápsulas: Una de color naranja efervescente que masticas en seco. Sabe exactamente a zumo de naranja recién exprimido con pulpa, con un toque ácido que te despeja los ojos al instante. Otra de color marrón, una gragea de liberación prolongada con sabor a café espresso bien cargado. Su recubrimiento inteligente libera la cafeína de forma gradual para que no te tiemble el pulso en el manillar a 400 metros de altura. Y la tercera una Pastilla Dorada, la tostada,el plato fuerte. Una pastilla densa que, al disolverse en la boca, engaña a tus papilas gustativas recreando la textura crujiente de una tostada con mantequilla y mermelada de fresa. Lo mejor es que tu estómago se siente físicamente lleno y saciado al instante, como si te hubieras sentado a desayunar en una cafetería.Vanesa se toma sus tres pastillas de un trago, se ajusta los guantes de su chaqueta inteligente y piensa mientras sostiene las gafas de sol aereodinámicas: Mmmm, menos de diez calorías, pero energía directa para aguantar una mañanita difícil. Se sube a su aéreomoto y en menos que canta un gallo, se planta en la autoescuela aérea, Asfalto Cero. Allí tienen un dispensador de pastillas completo, desayunos, comidas y cenas. Antes de empezar con las clases, compra unos cuantos menús para lo que queda de semana.

Hoy es miércoles, el día de los jubilados. Los Ayuntamientos subvencionan autoescuelas y motoescuelas aéreas. Los mayores de 50 años, edad de jubilación anticipada, hacen fila para aprender su primera lección de vuelo.En el hangar, le están esperando media docena de personas que componen el grupo de hoy:

-Buenos días a todos. Soy Vanesa Ciclón, vuestra profesora, lo primero que vamos a hacer es revisar las chaquetas inteligentes así nos aseguramos que el modo antiviento está conectado antes de despegar. Lo segundo, es que aprendáis a activar el modo automático de la chaqueta por si entráis en pánico o preferís pilotar en 100% manual. Y lo tercero, no es en el cielo, sino en el suelo del hangar de Asfalto Cero para dominar la teoría de las tres dimensiones. Vanesa, da una palmada al asiento de la Yamaha Aero-X 2002, los estabilizadores de plasma emiten un zumbido azulado y la moto se eleva flotando a medio metro del suelo, balanceándose suavemente. Ahora vais a aprender el triángulo del vértigo: Cabeceo, Alabeo y Guiñeo.

Cabeceo: consiste en subir y bajar. Si tiras del manillar hacia tu pecho, el morro de la Yamaha apunta al cielo y los motores de plasma te propulsan hacia arriba en vertical. Si empujas hacia adelante, caes en picado.Debes dejar de presionar hacia delante o hacia atrás,como un joystick, la moto buscará estabilizarse por sí sola en horizontal. Hasta que esto no salga bien no podréis pasar al siguiente paso.

El alabeo, girar inclinándote : En las motos de carretera del siglo pasado, te inclinabas un poco y la moto giraba. Aquí, si empujas el manillar izquierdo hacia abajo, la moto se ladea por completo en el aire. Si te pasas de fuerza, acabarás volando boca abajo. Tu cuerpo es el alerón.

El guiñeo, girar en horizontal: Se controla con los pedales de los pies. Activan los micro reactores laterales para hacer que la moto gire a izquierda o derecha sobre su propio eje, sin inclinarse. Es vital para aparcar en las plataformas flotantes o esquivar farolas aéreas. Tranquilidad, lo cogeréis enseguida.

Cuando dominéis esto a medio metro del suelo me subiré detrás de vosotros en una aéreomoto de asiento doble, me agarraré a vuestros hombros, mi chaqueta inteligente se acoplará magnéticamente a la vuestra para que no os separéis y a través de las gafas que llevan un intercomunicador proseguiremos el vuelo.

Así se pasó toda la mañana, corrigiendo el efecto peonza cuando pisaban el pedal con demasiada fuerza y daban vueltas como un hamster en la rueda y les gritaba: -Suelta el maldito pedal! Y algunos, incapaces, no lo despegaban hasta que caían medio mareados a las colchonetas de seguridad. O cuando intentaban corregir la posición inclinando el cuerpo a un lado y se pasaban, entonces la moto se ladeaba a la izquierda y se asustaban y para compensar se ladeaban bruscamente hacia la derecha y parecía que estaban montando un toro mecánico hasta que caían. Afortunadamente no había grandes daños, aunque algunos, los que no soportaban caerse una y otra vez, decían malhumorados, que se desapuntaban. Por el contrario, los menos, se despedían contentos hasta la próxima clase. 🙂